La ciencia no solo ocurre en laboratorios o congresos. También implica compartir conocimiento con la comunidad. Hoy queremos hacerlo a través de una columna de opinión publicada en La Prensa Austral (15 de marzo), donde hablamos sobre la conexión entre ciencia, gobernanza y cambio climático en los territorios que compartimos con Argentina.
Desde la Universidad de Magallanes, trabajamos en el estudio de la biodiversidad marina y los efectos del cambio climático en los ecosistemas del extremo sur. Comprender estos cambios es clave para diseñar estrategias de conservación y manejo sostenible.
Biodiversidad sin fronteras: En el Atlántico Sur, el Pacífico Sur y el océano Austral, grandes especies recorren cientos de kilómetros, cruzando fronteras políticas que fragmentan su conservación. La biodiversidad marina no pertenece a una nación, sino a un bioma compartido. Chile y Argentina comparten más que una frontera: ríos, cuencas y ecosistemas subantárticos interconectados. La colaboración científica binacional es fundamental para entender sus dinámicas y afrontar amenazas emergentes.
Esto se generó a partir del Encuentro Internacional en Tierra del Fuego, en “Atlántico Sur y Antártida: Territorios Estratégicos y Vitales del Futuro”, científicos, académicos y tomadores de decisiones dialogamos sobre el futuro de la gobernanza sostenible en estos territorios compartidos.
La presión por expandir la industria extractiva en Magallanes y la falta de regulaciones adecuadas más allá de la milla 201 amenazan la biodiversidad costera de ambos países. Solo el 10% de la vida marina ha sido explorado (UNESCO). Necesitamos seguir investigando, pero también conversar y tomar decisiones informadas. La ciencia no puede trabajar sola. Ciencia para construir puentes: El futuro de estos territorios dependerá de cómo trabajemos juntos. La ciencia nos ayuda a entender los cambios, pero la acción debe ser colectiva.
